Ángel Arcay, director del Museo das Mariñas: «Tenemos documentado prácticamente todo lo que pasó en Betanzos en los últimos siglos»
Nació en Betanzos en 1988 y desde el verano de 2022 dirige la Biblioteca, el Archivo y el Museo das Mariñas. En esta entrevista para BetanzosHoxe habla de lo que necesita el museo, de lo que cualquier vecino puede encontrar en el Archivo, de las mujeres artistas de la colección, del Pasatempo y de la gente que, sin tener por qué, decidió sumar.
Ángel Arcay Barral nació en Betanzos en 1988. Estudió Historia en Santiago, se especializó en archivos en Porto y trabajó en archivos de Ourense, Lugo, Pontevedra y Santiago, además de como técnico de turismo y guía en Vimianzo. Desde el verano de 2022 dirige la Biblioteca, el Archivo y el Museo das Mariñas, que durante casi cuarenta años había dirigido Alfredo Erias.
Además de llevar las tres instituciones y de editar cada año el Anuario Brigantino, es autor de un libro sobre el Pasatempo premiado por su lectura masónica del parque, de «Las 1001 recetas del Palacete de las Mendoza» y, con Iria Fafián, del cómic «Mulleres artistas no Museo das Mariñas».
Estas son sus respuestas.
Nació en Betanzos en 1988. ¿De dónde viene el interés por la historia y por los papeles viejos? ¿Recuerda la primera vez que entró en el Museo das Mariñas o en el Archivo?
Supongo que es una mezcla de muchas cosas: de mis propios gustos, de tener buenos profesores en esas materias o que en casa también se hablase de eso. El archivo no siempre son papeles viejos, también es administración (incluso digital), burocracia y gestión diaria de las necesidades de la vecindad. No recuerdo la primera vez que entré en el Archivo y en el Museo pero ya fue tarde, supongo que cuando estaba estudiando la carrera, que solicité hacer unas prácticas aquí. Por el contrario, sí que fui usuario asiduo de la Biblioteca desde muy nuevo porque venía a hacer los deberes aquí a diario
Estudió Historia en Santiago y se especializó en archivos en Porto. ¿Qué trajo de aquellos años, y de Portugal en particular?
No tengo muy mitificada esa etapa ni los años universitarios. Más allá de aprendizajes, supongo que lo más importante fue la gente con la que fui compartiendo cosas, tanto a nivel académico como a nivel personal. Marchar a Porto hizo que me acercara al patrimonio desde otro punto de vista, gracias sobre todo a profesores más sensibles con su trabajo.
Antes de volver trabajó como técnico de turismo en Vimianzo y como guía. ¿Qué aprendió contando el patrimonio a gente que llega sin saber nada?
Aunque siempre me dediqué al tema de los Archivos (trabajando en Ourense, Lugo, Pontevedra, Santiago…) sí que para compaginar el estudio de las oposiciones y sacar algo de dinero tiraba del recurso de ser guía oficial. La experiencia de Vimianzo fue la mejor que pude tener para rodarme como guía y para acercarle la gran cantidad de patrimonio que tienen en ese municipio a todo tipo de públicos. Fueron cientos de visitas guiadas a todo tipo de bienes que me hicieron ganar experiencia a la hora de hacer de intermediario entre el patrimonio y las personas de todas las edades.
Desde el verano de 2022 dirige la Biblioteca, el Archivo y el Museo das Mariñas, que durante casi cuarenta años había dirigido Alfredo Erias. ¿Cómo fue recoger ese testigo?
Muy sencillo porque había mucho trabajo hecho detrás y Alfredo siempre se ofreció a ayudarme en todo lo que quisiera. Aun así, yo intenté desde el primer momento tratar de transformar las tres instituciones para optimizar la gran cantidad de recursos que tenemos aquí, tratando de trabajar como siempre hice para poder dinamizar esta parte importante de la historia de la ciudad.
Lleva tres instituciones a la vez. ¿Cómo es un día normal? ¿Por qué tiene sentido tratarlas juntas, como la BAM?
No tiene sentido pero es algo que viene de atrás. Siempre hubo una concepción equivocada de que la Biblioteca y el Archivo son trabajos similares, cuando no tienen nada que ver. De hecho cualquiera de las tres instituciones debería tener personal independiente con tareas diferenciadas, porque no es lo mismo trabajar con un archivo digital y expedientes administrativos que hacer recomendaciones lectoras en la bebeteca o tratar la donación de una pieza al museo. Pero entiendo que para un ayuntamiento es siempre complejo tratar estos asuntos y yo tengo la suerte de que vengo de la archivística pero siempre me gustó mucho el trabajo de bibliotecas y la condición de guía de turismo también me permite estar cómodo en el trabajo del museo. Supongo que lo mejor de todo es que no hay un día normal, porque siempre hay frentes abiertos en cualquiera de las tres áreas, a lo que hay que sumarle la edición cada año del Anuario Brigantino, que entre revisiones, correcciones y maquetación es una tarea más laboriosa que la atención de cualquiera de las otras tres instituciones.
¿Qué balance hace del Festibam de este año? ¿Qué buscaban con él?
El FESTIBAM busca lo mismo todos los años: permitir tener abierto el museo durante un fin de semana; que los artistas y artesanos locales sientan la colaboración institucional y tengan un sitio en el que poder mostrar su trabajo; y aprovechar esos días de fiesta para hacer actividades para todos los públicos, especialmente para las crianzas que son siempre quien más demandan este tipo de eventos. El balance siempre es positivo porque siempre conseguimos que se junte gente pero yo soy muy autocrítico y siempre me gustaría que se llegase a más público, sobre todo a nivel local.
Club de lectura, visitas guiadas, exposiciones como la de Elena Otero… ¿Qué público están consiguiendo atraer? ¿Cuesta más que vengan los jóvenes o los propios betanceiros?
Como institución municipal, mi primer objetivo es el público local y poco a poco vamos mejorando. Vemos en las estadísticas que cada vez vienen más vecinos y vecinas al museo, sobre todo atraídos por las exposiciones de gente que conocen como Elena o Pin. El hecho de tener una sala de exposiciones temporales e ir rotando las muestras cada poco tiempo, hacen que exista esa oferta y la gente tenga la posibilidad de venir cada poco a ver cosas nuevas. Con el público adulto no tenemos queja, lo más complicado siempre es la gente nueva, especialmente los adolescentes porque en su día a día ya tienen bastantes tareas a las que atender. Más allá de eso también estamos a disposición de los centros de enseñanza, lo que nos permite que todas las niñas y niños escolarizados hasta este curso en Betanzos tuvieran que pasar alguna vez por el museo a hacer las actividades didácticas que proponemos. Y, claro, la biblioteca, especialmente para esos primeros lectores, también es un rincón que vemos que cada vez emplean más padres y madres, por eso seguimos haciendo un esfuerzo en adquirir todo tipo de materiales.
Para alguien de aquí que quiera investigar su casa, su calle o su familia, ¿qué puede encontrar en el Archivo y cómo tiene que hacerlo?
La gente siempre se sorprende cuando entra en el Archivo pero yo siempre digo que somos un servicio municipal más, como puede ser la oficina de turismo o la oficina del registro. Pueden mandarnos un correo electrónico con su petición o venir por aquí. Tenemos documentado prácticamente todo lo que pasó en Betanzos en los últimos siglos y aquí podrán rastrear a su familia, los acontecimientos de la villa o los cambios en sus viviendas. De hecho los trámites con urbanismo, para temas de obras, licencias y demás, y las consultas de los padrones de habitantes y del registro civil, son las consultas que más se repiten a lo largo del día.
¿Qué es lo que más necesita hoy el museo: espacio, conservación, personal, digitalización? ¿Qué proyectos tienen para los próximos años?
Hay muchas carencias en el tema de los espacios, aunque personalmente para mí es más urgente el de la biblioteca que el del museo. Pero sí que el museo requiere intervenciones urgentes en temas de conservación, necesita tener personal asociado a las tareas técnicas diarias que requiere mantener una colección de este tipo y, sobre todo, requiere pensar si se quiere seguir medrando. Ahora mismo estamos al límite de nuestras capacidades en cuanto a espacio expositivo. Por lo tanto los objetivos a corto y medio plazo son muy humildes: me contento con mantener vivo el interés de la vecindad por venir a conocer lo que hacemos aquí, seguir sumando piezas y que las niñas y los niños de los colegios de Betanzos sigan viendo el museo como la mejor opción para acercarse a nuestro patrimonio.
Después de todo este tiempo, ¿qué aspectos del trabajo en esas tres instituciones destacaría?
Más allá de las actividades que se pudieron hacer, que son siempre lo más visible de mi trabajo, lo que más me gustó fue la gente que escogió este lugar para aportar algo al patrimonio de la ciudad. En estos cuatro años pasaron por aquí casi veinte estudiantes que nos escogieron para hacer sus prácticas formativas y que de un modo u otro acabaron ligados a nuestro trabajo, ya sea haciendo publicaciones, comisariando exposiciones o desarrollando tareas de todo tipo. También se sumaron muchos vecinos y vecinas de manera altruista para desarrollar todo tipo de tareas, desde Mar y Anxela que llevan varios años colaborando con nosotros para sacar adelante un club de lectura y un club de teatro a gente como Elena Otero, Francisco Martínez o Ana Tomé, que quisieron hacer del museo su casa y realizaron aquí la exposición de sus trabajos. Toda esta gente, que no tendría por qué gastar su tiempo en hacer medrar el nombre de las tres instituciones, decidieron aportar y sumar, algo que en estos tiempos no es muy habitual y que yo siempre agradeceré.
¿Cuál es la pieza del museo con la historia más sorprendente, esa por la que casi todo el mundo pasa de largo?
Pienso que en cada sección del museo tenemos una pieza que encaja en esta pregunta. Desde el sepulcro de Sancha Rodríguez al cuadro de Olimpia Tourné, el Ecce Hommo recién restaurado o las curiosidades de Martínez Santiso. Para que la gente no pase de largo estamos terminando de hacer una guía ilustrada de las piezas más simbólicas del museo, así tendrán una guía de referencia para conocer las historias más llamativas del museo.
¿Algún hallazgo en los fondos del Archivo o de la Biblioteca que lo dejase con la boca abierta?
Todos los días aparece algo en el Archivo que no conocíamos y que nos deja así. Esta semana fue el pleito en el que un matrimonio acusa a otro de llamarle a su mujer “Pelitrana de los alpendres” pero siempre aparecen pequeñas curiosidades que nos hacen querer seguir invirtiendo nuestro tiempo en estas tareas para después poder difundirlo.
En el cómic «Mulleres artistas no Museo das Mariñas», con Iria Fafián, recupera a creadoras como Elvira Santiso, María Goday o Sofía Feliú. ¿Quiénes eran, por qué estaban olvidadas y por qué contarlo en cómic?
Todas eran mujeres que pasaron por Betanzos y que estuvieron relacionadas, de modo profesional o aficionado, con el mundo de la pintura. No estaban olvidadas, simplemente en los museos no siempre se tuvo en cuenta la labor de muchas mujeres y existió un sesgo de género a la hora de decidir colgar un cuadro. Por casualidades que se fueron dando (las donaciones de piezas de Teófila Sasiain, Rosina Martínez u Olimpia Tourné) pensamos que era el momento de dar a conocer todo esto. Escogimos la versión cómic para hacerla accesible también a públicos más nuevos, siendo muy concretos en lo que queríamos contar y mostrando cómo es el día a día en el trabajo de un museo de estas dimensiones. A mayores del cómic difundimos la propuesta en otros medios, con artículos de investigación o entradas en webs y redes sociales.

Su libro sobre el Pasatempo ganó un premio por su lectura masónica del parque. ¿Qué es lo que un betanceiro no sabe del Pasatempo y debería saber?
Estoy convencido de que la mayor parte de los vecinos desconocen todo lo que hay detrás del parque del Pasatempo. Por desgracia estuvo siempre muy instaurado un relato oficial que no se correspondía en nada con la realidad del jardín, por lo que muchos vecinos que pudieron visitarlo con nosotros, cuando la Asociación de Amigas do Parque do Pasatempo aún podía realizar visitas en el interior, salían de la visita con una sensación muy curiosa por todo lo que acababan de descubrir y que casi nunca se parecía a la idea que tenían del lugar.
También publicó «Las 1001 recetas del Palacete de las Mendoza». ¿Cómo acaba un archivero con un recetario entre las manos, y qué encontró en él?
Son cosas que van apareciendo entre la documentación de los archivos y por una cosa u otra llaman mi atención. En ese caso el propio fondo de las Mendoza tiene un atractivo innegable pero lo mismo me pasó con el tema de las mujeres espontaneadas o con otros papeles que, sin llegar a convertirse en libro, sí que me hicieron pasar mucho tiempo trabajando con ellos.
Si alguien de Betanzos nunca pisó el museo, ¿qué tres cosas no puede perderse?
Yo creo que las tres cosas que no se pueden perder en sí son el propio museo, la biblioteca y el archivo, porque en cualquiera de los tres sitios van a encontrar cosas nuevas que los van a sorprender. Por eso recomiendo que se apunten a alguna de las visitas guiadas que hacemos a menudo, porque siempre pasa eso de que cuando vamos de viaje visitamos todo tipo de museos pero luego no conocemos lo que tenemos al lado de casa. Y perder un par de horas en acercarse por aquí seguro que le puede aportar a cada vecino muchas cosas que los ayudarán a valorar más todo el patrimonio que tenemos en Betanzos.
¿Hay algo que no le preguntásemos y que le gustaría contar?
Me gustaría contar una cosa que los de aquí no siempre valoramos: ahora mismo en Betanzos se está creando un tejido cultural muy interesante, del que son muy culpables en la Fundación CIEC, y gracias a ese trabajo invisible cada vez más gente está escogiendo nuestra ciudad para vivir y hacer vida, abriendo talleres, espacios y creando asociaciones que buscan poner en valor todo eso que no siempre valoramos. Espazo Vaina, Rio Rio, Sarasal cerámica, Carmen Seijas, Isa Durá, as Pesquedellas o Zona Hadal son una buena muestra de todo eso. Por eso me gustaría reivindicar su trabajo y pedirle a los vecinos y vecinas que se acerquen a conocer sus iniciativas y que traten de apoyarlos para que no se pierda este otro tesoro que tenemos en la ciudad.
Entrevista a Ángel Arcay Barral, director de la Biblioteca, Archivo y Museo das Mariñas, para BetanzosHoxe.
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